Con cada mequiere-nomequiere
matamos otra margarita
y lo demás se nos olvida,
habiendo más flores y pasto verde.
Podés decir que no se vale,
pero sabemos que esto es malo.
Tal vez si caminás, otro rato,
si nada más dejás que pase.
Puede que sea demasiado,
que ya estés casi en el fondo,
o puede que sea necesario.
No te pido que mordás el polvo
ni que dejés todo botado.
Pará, y pensalo otro poco.
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